Cuenta con la tradición que un martes de Pascua arribó en el puerto barquereño la imagen de la Virgen en una embarcación sin remos, tripulantes ni timón. Conmemorando este hecho sus habitantes, en particular los marineros, celebran una peculiar procesión en la que pasean a su Virgen, ataviada con su manto azul, primero por las calles del pueblo para después embarcarla y pasearla por sus aguas. Acompañan a la Virgen un gran número de barcos, todos ellos decorados con flores y banderas.